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El calor llegó antes del verano, ¿qué impacto puede tener en la economía?

Tiempo estimado de lectura: 3 min

Una ciudad de Lima experimenta una primavera inusualmente cálida, con temperaturas alcanzando 30 °C en octubre debido al fenómeno de El Niño Costero. Esto ha provocado cambios en la demanda de productos como bebidas y equipos de refrigeración, además de afectar sectores como la agricultura y la pesca. Las proyecciones indican un posible impacto económico significativo, con disminuciones en la pesca y el agro, y un aumento en la inflación debido a los costos de alimentos. Empresas y consumidores deben adaptarse a los cambios en el clima y sus efectos económicos potenciales.

Resumen

El inusual calor primaveral en Lima impacta la economía al alterar patrones de consumo y producción, con proyecciones de inflación y efectos en sectores clave.

Lima está viviendo una primavera poco habitual. El 6 de octubre, la estación de SENAMHI en Carabayllo registró 30 °C y una sensación térmica de 31 °C, mientras que otros distritos como La Molina, Ancón, San Juan de Lurigancho, Ate y Chosica también alcanzaron temperaturas elevadas. El organismo ya había advertido que octubre mantendría condiciones más cálidas de lo normal, asociadas en parte al calentamiento del mar frente a la costa por El Niño Costero.

Más allá de la sensación de calor, estas condiciones pueden tener efectos sobre la economía. Cuando las temperaturas suben, cambian los hábitos de consumo: aumenta la demanda por bebidas, helados, ventiladores, equipos de aire acondicionado y otros productos relacionados con el calor. También pueden modificarse los patrones de consumo de electricidad, especialmente si hogares y empresas utilizan durante más tiempo equipos para mantenerse frescos. El impacto, por tanto, no se queda en el clima, sino que puede trasladarse a distintos sectores de la actividad económica.

El clima también puede afectar la oferta y los precios. En una ciudad donde una parte importante del abastecimiento depende de las condiciones meteorológicas, temperaturas inusuales pueden generar efectos sobre la agricultura, la pesca, el transporte y la disponibilidad de determinados productos. En abril de 2026, la inflación anual alcanzó 4,01%, su mayor nivel en más de dos años, impulsada en parte por el alza de productos perecibles afectada por factores climáticos y mayores costos de transporte.

Las proyecciones son aún más preocupantes: un fenómeno de El Niño fuerte podría restarle alrededor de 1,5 puntos porcentuales al crecimiento económico entre 2026 y 2027, con la pesca y el agro como los sectores más afectados. El sector pesca enfrenta una caída proyectada de 30,7% para 2026 por el menor desembarque de anchoveta, mientras que el sector agropecuario podría reducirse 1,5% por estrés térmico y plagas. Esto no significa que cada episodio de calor vaya a generar inflación, pero sí que los fenómenos climáticos pueden alterar costos y cadenas de abastecimiento. De hecho, consultoras estiman que el aumento en los precios de alimentos derivado de alteraciones climáticas puede agregar hasta 1,25 puntos porcentuales a la inflación en 2026.

Para las empresas, el reto está en anticiparse. Un periodo prolongado de temperaturas elevadas puede significar mayores gastos de energía, cambios en la demanda y, dependiendo del sector, la necesidad de ajustar inventarios o logística. Para una empresa que importa productos, por ejemplo, cualquier alteración en los costos o en los tiempos de abastecimiento puede terminar afectando sus márgenes. Por eso, más que mirar el calor como un fenómeno exclusivamente climático, conviene entenderlo como una variable que puede modificar las condiciones en las que operan distintos negocios.

El calor, entonces, puede convertirse en un factor económico más durante los próximos meses. SENAMHI proyectaba que las temperaturas cálidas continuarían en octubre y que el calor podría intensificarse hacia diciembre, con máximas entre 27 °C y 29 °C en Lima. En un escenario como este, donde el BCRP ya proyecta una inflación de 4,1% para fines de 2026 (por encima del rango meta de 1%-3%), consumidores y empresas tendrán que adaptarse a cambios en sus patrones de gasto, costos y demanda. El clima no determina por sí solo el rumbo de la economía, pero cuando cambia de manera significativa, también puede cambiar la forma en que consumimos, producimos y hacemos negocios.

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